BRAZO TRISTEZA

Si el frío fuera un movimiento, sería un movimiento lento, como el mecer de las olas en un lago liso, a la tarde, en las horas que siguen al almuerzo, cuando todo está pausado, fuera de la línea temporal acostumbrada. Si la nostalgia tuviera un color, estaría teñida de azul. Sería un azul helado y cortante, como el viento de los inviernos altos a los que cuesta llegar en autobús o en coche. Olería, no sé a qué, pero olería, y el olor también sería nostalgia, y también azul y lento como el frío. Y al frío, y a la nostalgia, y al azul y al viento los rodearía un aura de tristeza que, vista desde lejos, parecería ajena al cuadro general, como introducida a la fuerza en el último momento. Al acercarte, sin embargo, entenderías: la tristeza es justo lo que le faltaba a ese instante para ser completo, para ser hermoso, para tener sentido.

Si la nostalgia tuviera un color, sería un azul helado y cortante, como el viento de los inviernos...
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