INMÓVILES

El ruido, los sintetizadores, la música que se abre paso entre la gente, la gente, el alcohol, las caídas en la oscuridad del lago, los besos, los troncos transformados en urinarios circunstanciales, la ardilla desorientada, la copa del árbol, la última hoja de la copa del árbol, que caerá justo dentro de treinta días. Ni el ruido, ni la gente, ni los besos, ni la hoja volverán a reflejarse en el lago. Desaparecerán uno por uno; el año que viene serán sustituidos por más ruido, por más gente, por más besos, por más hojas. Todos iguales, pero siempre distintos. Sólo uno permanece, en silencio, como queriendo camuflarse: es el árbol inmóvil que lo ha visto todo reflejado en su cielo de agua.

Permanece en silencio, como camuflado… Es el árbol inmóvil que lo ha visto todo.
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