SUMISAS

Los seres humanos nacemos con la palabra “lucha” tatuada en la frente. Al principio no sabemos qué significan esos garabatos de carbón. Convivimos con ellos al igual que convivimos con las pestañas o los dedos de los pies. Más tarde resolvemos el jeroglífico y nos aferramos a su resultado. Defendemos la lucha, la resistencia a lo que la vida trae, ya sea, según nosotros, bueno o malo, indeseable o conveniente. Vemos las piedras y las rocas y, secretamente, anhelamos ser como ellas, fuertes, indestructibles. Pero no vemos su verdad: ellas no nacieron de la lucha, sino de la rendición, de un generoso abandono a la vida. Nosotros sólo somos como las piedras cuando dormimos, cuando, antes de la llegada del amanecer, permitimos sin saberlo que la vida nos envuelva en su silencio.

Antes del amanecer somos como las piedras, permitiendo sin saberlo que la vida nos envuelva en su silencio.
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