ARTIFICIAL

El ser humano se adueña de propósitos insólitos. Pretende, por ejemplo, igualar a la naturaleza en poder, belleza y fuerza. Él construye edificios que tratan de imitar las curvas caprichosas de los montes; encierra objetos con visos de armonía en departamentos demasiado geométricos; desvía ríos para corregir una trayectoria que, a su juicio, carece del poder, la belleza y la fuerza que el todopoderoso hombre merece sentir al contemplar el mundo que está ahí para servirle. La naturaleza no se amilana, no retrocede: ella se deja hacer, aparentemente mansa, y luego devuelve al ser humano una eternidad de vacío y de silencio.

La naturaleza se deja hacer, y luego devuelve al ser humano una eternidad de vacío y de silencio.
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