FUSIÓN

¿De dónde nace la caricia que tu mano dibuja en mi brazo? ¿Empieza con un pensamiento, con el acercarse un cuerpo al otro, con el lánguido gesto de los dedos al posarse en la piel? Lo mismo que de dónde nace el mar y de dónde nace el cielo: las nubes, diríamos, son su frontera. Entonces me pregunto cuál es la frontera entre tu mano y mi piel: si será el aire o las nubes invisibles lo que nos mantiene separados, únicos en la ilusión del cuerpo propio. Pero al fundirnos en la caricia también fundimos el azul del cielo y las olas del mar, y hasta las nubes se unen a nuestra secreta rebelión. El mar se transforma entonces en olas que acarician las rocas, y tu mano acaricia mi brazo y yo dudo si tu mano acaricia, o si es tu mano la que es acariciada.

Al fundirnos en la caricia también fundimos el azul del cielo y las olas del mar, y hasta las nubes se unen a nuestra secreta rebelión.
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