PICOS
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Sumidos entre las brumas de un extraño atardecer, allí están ellos: los árboles imposibles cuyas raíces se aferran a la piedra, sobria y cruel en su silencio primigenio. Ellos viven inundados por una tensión que les es propia. Les duele a veces, reconocen su peligro, pero renunciar a ella sería suicidarse, dejarse caer en el abismo abierto bajo la mirada inquieta del bosque vertical. Esos árboles aguantan donde nadie lo diría, y la vida traza millones de rutas escondidas en el núcleo de sus troncos, de sus ramas, de las raíces temerarias que reciben el masaje doloroso y placentero de las rocas.

Los árboles aguantan donde nadie lo diría, inundados por una tensión que les duele, que es peligrosa, pero que les pertenece.
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