Llega la calma

¿Qué es lo que habita entre la tormenta y la calma? ¿Cuánto duran, en realidad, esos segundos que siempre queremos rellenar de contenido, como si no supiéramos muy bien qué hacer con ellos, como si el misterio de su utilidad nos estuviera vedado? En la transición del ruido al ruido, la niebla se eleva y despeja los pinchos que permanecían ocultos. El agua se queja, lo ignoto se hace evidente. Y tú date prisa, no dejes que el vacío se agite demasiado: apura la tormenta y estira de esa calma que no es calma, que es tormenta de nuevo. Lo que hay entre una y otra, el entre paréntesis desconocido, te seguirá esperando.

Estira esa calma que es tormenta de nuevo. Date prisa: lo que hay entre la tormenta y la calma te seguirá esperando.
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