Entre Rocas

Cómo buscamos la perfección, con qué impaciencia nos empeñamos en fundirnos con una corriente de armonía que imaginamos constante, homogénea, sin fisuras. Pero la perfección se mueve, se mueve tanto y tan rápidamente que es imposible atraparla, y cuanto más nos afanamos por atraerla hacia nosotros, más huye ella al ritmo del agua brava, del viento ululante. Entonces, cuando aceptas que la perfección no existe, nace un silencio que de tan sólido se vuelve maleable, y te das cuenta de que la perfección sí existe, de que ha existido siempre, y que está en ese silencio, en su tensión suave, en su movimiento libre de ave migratoria.

Cuando aceptas que la perfección no existe, te das cuenta de que ha existido siempre, y de que es libre como un ave migratoria.
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