ARROZ VIDA

La vida surge siempre desde una nada fértil. El amplio erial se rompe y brota el verde, nacido ya de la certeza de saberse abundante e infinito. Hay un lugar en la tierra en que los seres cuidan de sus vidas con el mimo del agricultor. Las riegan como si fueran plantas de arroz de las que luego extraerán el alimento que, en sus cuerpos, se transformará en la respiración que les sostiene. Ninguno de ellos sabe cuánto aguantará su planta agarrada a la tierra y encaramada hacia lo alto, pero tampoco ninguno la desatiende: se dedican a amarla sin esperar nada de ella; disfrutan de su impermanencia callada. La escuchan siendo ellos mismos la vida que la planta les regala.

La vida surge desde una nada fértil, abundante e infinita. En silencio, disfrutamos de su impermanencia.
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