YAMUNA

Él había sido siempre el gemelo rebelde, el desahuciado, el que reivindicó su libertad desde el nacimiento y la ejerció con firmeza, aunque cuidándose de no atraer demasiado la atención hacia su desacato. Por eso renunció a la corriente y al movimiento y se contentó con ser un aparente reflejo de su hermano, fuerte, majestuoso, imponente en todos sus costados y formas. El gemelo, sin ser consciente, reflejaba todo eso: la fuerza de las paredes marmóreas alzándose con desafío ante un mundo que se despereza; la magia de la corriente de vida atravesando cada centímetro del aire. El gemelo se hizo espejo de la belleza sagrada de su hermano y, sin quererlo, sin saberlo siquiera, él mismo amaneció sagrado cada día, en el silencio y la quietud de las mañanas eternas.

El gemelo rebelde, el desahuciado, el que reivindicó su libertad desde el nacimiento, aprendió a amanecer en el silencio sagrado de las mañanas eternas.
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