ANGELUS

Yo toqué las nubes con las manos y erosioné la tierra con la suela de mis botas. Segundos antes el cielo se había transformado en infierno, y las profundidades, los temidos subsuelos del planeta, se me antojaban la mejor cápsula de salvación. Tenía miedo, pero no me moví. Permanecí con medio cuerpo envuelto en aire y el otro medio enraizado en las rocas, y disparé.

Toqué las nubes con las manos y unos instantes después, el cielo se transformó en infierno...
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