Peripillan
Estar en ruta. Recibir una foto tomada con un móvil, una foto de mala calidad, pero en cuyo trasfondo se adivina un gigante inaudito, casi imposible. Cambiar de ruta. Pensar que no llegarás a tu destino. Encontrar al gigante y pasar cinco días junto a él, excavando en sus venas, girando con sus curvas, recorriendolo entero de la cabeza a los pies esperando a que, dadivoso, decida abrirse a ti. Y al fin, en ese momento que parece el más corriente pero que es, en realidad, el más mágico de los días, el gigante se revela al compás del viento frío y los colores del silencio. Un paisaje en cuyo trasfondo se adivina un gigante inaudito, casi imposible, que se revela al compás del viento frío, en los colores del silencio.
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